“Felicitación que me honro en elevar al Excmo. Sr. Embajador Jorge G. Blanco Villalta, brillante y profundo historiador y maestro de los maestros en estas disciplinas, que, con su ciencia y saber, ha elevado a Tesis Filosófica, y más aún, a una ciencia humanística que, en su buen hacer, es una estampa viva del saber clásico de todos los tiempos. Su obra “El Ceremonial”, en su cuarta edición, es sin duda el mejor tratado universal que se ha editado, y camino sereno y sólido para cuantos queremos, humildemente, seguir sus enseñanzas, ejemplo y magisterio. A mi amigo el embajador, mis respetos, estima y gratitud”.

(Palabras pronunciadas por el Profesor D. Felio A. Vilarrubias en el discurso de apertura del Foro Iberoamericano de Ceremonial y Relaciones Publicas, realizado en Buenos Aires, en 1998.)

Aproximación al tema

...“He condensado en estas páginas, los aspectos y los ritos del ceremonial, una filosofía, una forma de comprender la vida. Enseña y rige las normas de la convivencia, que es la manera concreta y visible de manifestarse. Las cosas más insignificantes de la vida cotidiana tienen tanto valor como los más altos postulados de la filosofía. En este libro verás que existe una moral de la actitud.

En época distante en la compleja historia del pensamiento humano, en zonas de cavernas o entre primarios grupos de recolectores y cazadores; alguna vez, abandonando la postura alerta de la constante lucha, un hombre que quizá había entrevisto en alguna oportunidad a otro de un clan vecino, esbozó un gesto, una suerte de saludo, el que fue respondido. En ese instante se materializó el más antiguo de los ritos: el saludo, que fue contestado. Significó un momento auroral de la civilización. Ese fue uno de los constantes aportes del ceremonial a la convivencia humana. El ceremonial se plasmó en los ritos primitivos, precursores de los credos. Los rituales rigieron el mundo primitivo de la caza, la guerra, la purificación, el casamiento, los funerales, vinculados con los tabúes y los embrionarios actos religiosos ordenados por los brujos.

Los hombres jamás realizaron los actos de su vida tribal de cualquier manera, sino sujetos a un determinado ritual, obligatorio. Alterar el orden prefijado merecía el castigo previsto. Todos los actos de los hombres en los albores de la civilización estuvieron regidos por el ceremonial, que indicaba las formas de lo que era correcto y de aquello que no lo era. Llegaron las etapas en que se valoraron normas religiosas, morales y de cortesía, estas ultimas clasificadas por los juristas romanos como capitas gentium de comítas, cortesía, distante antecesor del jus gentium, derecho de gentes o internacional.

Así se fueron desarrollando las etapas de la humanidad hacia las épocas históricas, no iguales en todas partes del mundo; pero siempre los pueblos se atuvieron a las normas civilizadoras de su propio ceremonial.

Por sobre el aspecto rutinario del ceremonial, es decir, del ceremonial como técnica, algo que no ofrece dificultades para enseñar o comprender, en este tratado he puesto énfasis en la moral de la actitud y más aun en la filosofía y el sentido ético que explica y da su profundo significado a esta disciplina, a su arte peculiar, sin los cuales el ceremonial es sólo una materia estática, sin vida, sin dimensión ni destino.

La técnica del ceremonial contiene infinitos conceptos, infinitas formas, infinitos detalles, que en su conjunto crean el ordenamiento perfecto de todo acto, sea litúrgico, oficial, diplomático, empresario o castrense, en las relaciones protocolo públicas y definen las normas de comportamiento de quienes actúan dentro de su ámbito. Pero este tampoco es el verdadero sentido del ceremonial, que está más allá. Quizás la imagen dada por Lao Tse pueda ayudarnos a comprender el sustrato del ceremonial. Para él una casa está hecha de paredes, ventanas, puertas y techos; pero la verdadera casa, donde habitamos, es el espacio vacío, detrás y más lejos que las normas.” ...

“Me halaga que las anteriores ediciones de este tratado hayan tenido tanta aceptación no sólo en nuestro país sino fuera de él.

Es el mérito al esfuerzo puesto en la actualización de una disciplina tan dinámica, tanto como la sociedad actual misma. Me satisface, asimismo, comprobar que la filosofía de mi trabajo es coincidente en cuanto a la eliminación de tratamientos pomposos y de todo lo superfluo. Un hombre no es superior en virtud de los tratamientos que lo exaltan ni por sus títulos altisonantes, sino por su jerarquía intelectual, espiritual y moral, por su conocimiento y respeto a las normas de comportamiento. Lo contrario, reverenciar y adular a los poderosos, la obsecuencia, jamás puede admitirse como una ética. Ese no podría ser el objeto del ceremonial en el mundo que nos toca vivir, sino otro: ordenar la sociedad.

Nada podría superar la definición de un hombre superior, de un caballero, debido a Lao Tse: es aquel que siempre está activo intelectualmente; que nunca abandona su serena dignidad; que actúa con el corazón amplio, la pasión débil y el carácter firme; que no se muestra deprimido cuando es rechazado, ni eufórico cuando es exaltado, así podrá sobresalir sin intentar dominar...”

El problema de la creciente disminución de las relaciones directas entre seres humanos, en especial dentro de la metrópoli económicamente en ascenso, es sensible a las personas que, como en épocas anteriores, siguen considerándose como tales. Aún dentro de la cosmópolis modernas, surge como evidente que el trato entre persona y persona da mejores resultados que las relaciones impersonales. Esto indica que el espíritu humano evoluciona con increíble menor velocidad que la electrónica y el maquinismo. La comunicación, la receptividad y la respuesta, la búsqueda de soluciones mantienen su vigencia.

No es fácil en esta etapa del desarrollo el contacto personal, humano, en particular para los directivos sometidos a sesiones de sus respectivos directorios, estudios de proyectos, reuniones de trabajo, breves conversaciones con otros directivos, funcionarios del mundo empresario, autoridades nacionales, sindicatos, la prensa. Pero todo, predominantemente interesado en fines prácticos, pasa por encima de la condición humana del interlocutor. Fuera del ámbito empresario, la falta del tiempo tampoco les permite expansiones de cordialidad, de humanización. En las altas propiedades horizontales, las familias viven unas sobre los techos de otras, pero no se comunican ni son vecinos en el clásico y antiguo significado. No hay mayor soledad que la del hombre aislado en medio de la muchedumbre indiferente, urgida por sus propias exigencias.

(Párrafos extraídos del libro “Ceremonial – Una Filosofía para el Tercer Milenio”, del Emb. Jorge G. Blanco Villalta)